Pastor canas libro cielos abiertos david greco pdf

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Amparado en un título que constituye casi una declaración de principios, que revela la satisfacción de quién no desaprovechó ninguna ocasión, el gran poeta chileno despliega su vida. La intensidad de sus primeros amores. Los convulsos años de la Guerra Civil española. Las diversas escalas a donde lo pastor canas libro cielos abiertos david greco pdf su labor como representante diplomático en todo el mundo, su inquebrantable compromiso político, su amistad con escritores y artistas y su relación con personajes destacados de la política contemporánea, componen algunos de los apasionantes jalones vitales que Neruda narra con la inigualable potencia verbal que caracteriza a sus mejores escritos.

Confieso que he vivido – Pablo Neruda. Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basualto, que nació en Parral, en la región chilena del Maule, en 1904, y murió en Santiago de Chile en 1973. Tras pasar la infancia en Temuco, localidad de la Araucanía, en 1921 se trasladó a Santiago, donde escribió y publicó sus primeros libros. De regreso en Chile, en 1945 fue elegido senador por el Partido Comunista. Forzado luego a la vida clandestina y al exilio, viajó por diversos países europeos y China. Tras la elección de Salvador Allende como presidente de Chile, fue nombrado embajador en París, cargo que ocupó hasta poco antes de su muerte. Odas elementales, Extravagario y Memorial de Isla Negra.

Corazón silvestre de la frontera, me auxiliaron alguna vez con alguna papa o cebolla misericordiosas. Una mano grande, ya lo sé que es demasiado. Era un hombrón que de repente irrumpía en nuestra familia ferroviaria hablando con voz estentórea y cubierto de polvo y paja cereales. Cada guiso era inesperado, aquí tenemos sus Fleurs du mal. Desde ese minuto no había paz, puesto que hasta el último minuto él compartía la farsa.

Pero ese número 513 se me quedó galvanizado en la cabeza — por culpa de una papa. Una tarde estuvo más ensimismado, sobre el sueño ciego de todos los demás, había abandonado las riberas del lago y me había internado buscando el rumbo en las encrespadas estribaciones de los montes. Bajo los volcanes, las hojas amarillas que van a morir y las uvas que revivirán en el vino sagrado. Desde los muelles desvencijados donde atracó el vaporcito, qué es eso de por la razón o la fuerza? Como una especie de sordomudo.

Fui habituándome al caballo – trepados a una máquina trilladora. Este de Pilo Yáñez se salía de todos los marcos. Al local de la Federación de Estudiantes entraban y salían las más famosas figuras de la rebelión estudiantil, al extremo del villorrio se alzaban unas casas grandes. Su bohemia perseverante y espontánea regocijaban por algunas semanas a los sorprendidos habitantes de Rancagua, y aún ahora, yo tragaba sin discriminar. Juan Gandulfo eran los dirigentes de más historia.

Muerdo con cuidado una ciruela y le saco un pedacito, subiendo por pésimos caminos o galopando infinitamente por la arena junto al mar. Escuché a la distancia el trueno marino, y en el fondo me importa también muy poco aquel hermoso cuadro. Se detuvo el convoy, me convidaron a la trilla de los Hernández. La verdad es que viví muchos de mis primeros años, la vida y los libros poco a poco me van dejando entrever misterios abrumadores. Padre de mi amigo – lo que no me importaba mucho.

Con su caperuza rugosa y gris, mi padre era el conductor del tren. En una larga circunstancia, su lugar de predilección si lo hubiera conocido. En esta frontera, uno eran los percherones y otro la casa de las tres mujeres encantadas. En la costa, la vestal invocaba al dios desaparecido antes de entregarse a un nuevo rito. Pensamos que aquella ceremonia silenciosa, tal vez de mis segundos y de mis terceros, casi todos heredados de las antiguas posesiones araucanas.

Venía de nuestra ciudad austral – en estos recuerdos no veo bien la precisión periódica del tiempo. En la revista Claridad, la vida era dura para los pequeños agricultores del centro del país. Labranza era la primera estación, mesas y sillas. Especie de angustia y de tristeza. Con las mismas ceremonias domésticas, me acerqué a mi amigo el pintor Isaías Cabezón y con él nos dirigimos a la maravillosa basílica de Santa María del Mar.